martes, 17 de octubre de 2017
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Victoria Xipolitakis en la Universidad de Buenos Aires: los argumentos de Alejandro Seselovsky

La vedette participó de una clase en la UBA. Fue en la Facultad de Ciencias Sociales, donde dio una charla para los alumnos de la carrera de Comunicación.

El viernes último, Victoria Xipolitakis participó de una clase en la UBA. Fue en la Facultad de Ciencias Sociales, donde dio una charla para los alumnos de la carrera de Comunicación.

La vedette fue invitada por el docente Alejandro Seselovsky, quien les había propuesto estudiar a los alumnos un texto escrito por él mismo para La Agenda de Buenos Aires.

Se tituló "Victoria, Jesús" y fue resumido en dos líneas en la bajada de la siguiente manera: "Xipolitakis se construyó como una vedette de tubo y luces blancas, replicando la lógica del porno: sobresaturación, todo para ver".

A continuación, la carta de Alejandro Seselovsky donde explica los argumentos por los cuales invitó a Xipolitakis:

Victoria Xipolitakis fue invitada a mi aula en la Universidad de Buenos Aires porque con mis alumnos trabajamos el tema de los medios y la verdad, y Victoria es una constructora de hechos con apariencia real en los medios masivos de comunicación. Mis alumnos, que son chicos entre los 21 y los 22 años, formándose como periodistas y comunicadores, pudieron escuchar a Victoria Xipolitakis explicar cómo se fragua, cómo se fabrica un hecho mediático. Concretamente, nos contó cómo hizo para que en la pista del Bailando, el programa de Marcelo Tinelli, la peluca se le desprendiera y eso provocara un hecho con apariencia real pero que no lo era. Fue muy generosa en salir por un minuto de su personaje y contar la verdad, que es lo que mis alumnos necesitan conocer antes de ingresar al mercado real de los medios de comunicación.

La elección de la invitada tuvo que ver con mi campo de trabajo: desde hace más de diez años, escribo sobre figuras populares de la televisión argentina y el consumo de masas que producen. Escribí sobre Ricardo Fort, Nazarena Vélez, Wanda Nara, Pampita Ardohain y muchos otros personajes de la paleta pública argentina. No lo hago con la perspectiva del periodismo de espectáculos, sino con la de la crítica cultural y las ciencias sociales -no digo esto para ponerme por encima de nadie, sino ocupado en marcar la diferencia de los roles. Desde hace cinco años trabajo en un ensayo biógrafo sobre Marcelo Tinelli porque a nadie que quiera comprender de verdad la cultura popular argentina y sus engranajes internos (es decir, quiénes somos como sujeto cultural colectivo) puede dejar de aproximarse, revisar, finalmente estudiar, a un sujeto como Marcelo Tinelli. Un hombre que desde hace casi tres décadas es dueño de una pantalla que interviene en la gran mayoría de los hogares argentinos. Creer que alguien así no debe ser estudiado en el campo de las ciencias sociales es un prejuicio, y el prejuicio nos lleva a la destrucción de las ideas.

Vivimos, además, en una era de la desinformación y la ansiedad del comentarismo. Nos estamos informando a partir de un tuit, de un videograph, de un título, sin tomarnos el tiempo para apreciar el desarrollo de la noticia. Y así (des)informados salimos corriendo a comentar, opinar, enunciar la voz propia. Este es un efecto de la democratización de la voz producido por las redes sociales. En el siglo XX, para poder convertir en público un enunciado, había que llegar hasta los medios, únicos dueños de esa posibilidad. Había que llegar hasta la radio, hasta los diarios y las revistas, o hasta la televisión. Hoy, las redes han democratizado la voz de todos y ya no son necesarias las viejas plataformas para poder decir, públicamente, lo que queremos decir. Yo creo que esto es bueno. No acuerdo con Umberto Eco cuando afirma que las redes "le dan espacio a legiones de imbéciles" (Ver: http://www.lastampa.it/2015/06/10/cultura/eco-con-i-parola-a-legioni-di-imbecilli-XJrvezBN4XOoyo0h98EfiJ/pagina.html)

Creo que la democracia de la voz es tan favorable como cualquier otra democracia, pero es cierto también que crea nuevos desafíos. Y salir disparado ansiosamente a opinar después de haberse informado sólo con un título es grave, porque los títulos no informan: informa el desarrollo de la noticia. Pero no parece haber tiempo para leerlo todo. La noticia, esa criatura consagrada a la verdad, ahora es rápida en imprecisa, y así es como en Tuiter las personas se mueren tres o cuatro veces antes de morirse de verdad.

Y la verdad es el punto, el único que realmente importa. Fue bueno que nos visitara Xipolitakis en la universidad, porque pudimos asomarnos, algo, un poco, a la verdad de los medios masivos, que tantas veces permanece oculta.

Por Alejandro Seselovsky