Comscore

EN "PODEMOS HABLAR"

Mónica Farro contó la experiencia de las "visitas higiénicas" con su ex, Juan Suris

La actriz y vedette uruguaya manifestó cómo eran los encuentros en el penal de Saavedra, en Bahía Blanca.
Monica Farro

Mónica Farro mantuvo durante muchos años una relación con Juan Suris, quien estuvo preso en el penal de Saavedra de Bahía Blanca.

La historia de amor se terminó porque Farro sintió que el morocho la usaba para tener prensa y seguridad interna. "Tuve códigos porque esa persona me llamaba y me pedía que no lo dejara, que quería casarse y tener un hijo. Después entendí que le servía tener a Mónica Farro afuera de la cárcel porque yo podía contar lo que le pasaba ahí adentro y lo cuidaban diferente. Me usó, de cierta forma. Cuando salió me di cuenta de que era una persona que no conocía y le dije ‘gracias’ y que se fuera. Y ahora me casé", dijo la uruguaya anoche en el ciclo "Podemos Hablar" que conduce Andy Kusnetzoff.

Pese a haber enterrado esa historia y a contraer matrimonio con Leandro Herrera, Farro no tiene problema alguno de recordar su pasado y ayer reveló como eran los encuentros íntimos con Suris al que todos llaman como "visitas higiénicas".

Farro 2

"En la cárcel le decían ‘encuentros’ porque ‘visita higiénica’ es feo. Mucha gente se ríe de eso pero yo lo valoro desde el punto de vista que si amás a alguien, ¿qué hacés? Te la cosés o lo engañás… Si podés estar con esa persona, es algo hermoso. Era algo alegre porque iba a ver a la persona. Pero tenías que esperar plantada afuera para entrar al penal, te ponen el sello, hacés la cola, las otras te miran, te quieren cortar la cara porque sos rubia y salís en la tele, te hacen la requisa, tenés que esperar a que abran el portón abajo de la lluvia, después el otro portón y recién ahí podés entrar…", sostuvo.

Y agregó: "Cuando llegás no tenés muchas ganas, el encuentro no es solo tener relaciones sexuales. Cuando era a las ocho de la mañana el preso se arma su habitación, que tiene una cama, una mesa y un baño. Vos llevás tu música y el preso lleva la sábana, la almohada, el jabón, el cepillo de dientes, la comida para compartir, el mate y lo que sea para pasar esas dos horas. Eran seis habitaciones separadas pero pegadas una al lado de la otra -recordó-. Cada uno pone su música, entonces se aísla. Pero levantarme para ir ahí era traumático: te parabas frente a esa puertita en la que todos te veían que ibas a entrar. Yo estaba muy observada ahí adentro. Después ya era normal porque era la mujer de un preso más".

"Tuve amenazas, pasé cosas feas. Me dijeron como que me iban a lastimar, que me iban a cortar la cara y que la iba a pasar mal. Me llegaban comentarios que decían que no saliera del hotel, que tenga cuidado. Al principio iba con seguridad a la cárcel y de ahí al hotel, que es un pueblito de tres mil y pico de personas", finalizó.