miércoles, 24 de agosto de 2011
primicias

Según otra testigo, Graciela Alfano tenía conocimiento de la existencia de desaparecidos

Esta tarde, en Intrusos, habló Elsa Ayala, hija del bailarín folklórico Chúcaro Ayala, quien en la dictadura militar había sufrido el secuestro de su marido. En esta nota, el video completo de un testimonio desgarrador y que, seguramente, dejará mucha tela para cortar.

Hace unas horas, Intrusos se comunicó telefónicamente con Elsa Ayala, hija del bailarín folklórico Chúcaro Ayala.

En la época de la dictadura militar, el esposo de Elsa, Amilcar Hugo Meliar, había sido secuestrado por el grupo represor comandado por Emilio Massera en el año 1974.

Elsa habló con Jorge Rial y confesó todo. Entre otras cosas, lo siguiente:

Siento indignación, vergüenza, bochorno, todo. No me quiero olvidar todo lo que pasó. El estaba tomando un café en el bar de la esquina El Cedrón. Paró un patrullero, le metieron una capucha en la cabeza y lo llevaron a la Brigada de San Justo. Le dijeron que la orden la había dado Benjamín Menéndez. Fui a la Brigada y el comisario Pena me negaba que estuviera ahí. Estuvo durante 4 meses ahí, explicó Elsa hasta que se quebró y continuó.

Lo sacaban a la tarde, lo picaneaban, lo metían y lo sacaban de un tacho gigante para que hablara. Nunca supe nada porque él no quería que yo supiera. De ahí lo llevaron al Pozo de Banfield (centro clandestino de detención y de tortura). Después a Córdoba y después a Devoto, afirmó una compungida Elsa Ayala.

Cuando me entero que estaba secuestrado mi marido, empezamos a buscar. Y me dan la dirección de Massera. Un soldado me abrió la puerta y estaba sentado él, totalmente estirado, y ella al lado, con una pollera floreada y una blusa, el pelo suelto y sin maquillaje. La reconocí fácil por las películas, era famosa. A mí me acompañó mi suegra. Nos sentamos frente a Massera, le cuento la historia. Él no me prestaba atención. Ella se quedó todo el tiempo ahí. Después de leer la carta, puso una 9 milímetros arriba del escritorio. Alfano miraba. Massera me da direcciones para que vaya a averiguar. Ella en un momento lo interrumpe y me dice: Bueno, basta, el almirante está muy ocupado, tiene muchas cosas que hacer para ocuparse de esto. Yo le respondo pero es la vida de mi marido y me dice no sos la única, contó Elsa en un testimonio completamente desgarrador y que dejó atónito a todos.