martes, 26 de enero de 2016
entrevista

Julio Chávez: "He aprendido enormemente de mi oficio en la televisión"

El actor volvió a escena con "Yo soy mi propia mujer". Dijo que no tiene prejuicios contra la pantalla chica, donde protagonizó "Signos". Adelantó que este año regresa y que hará cine.  

Julio Chávez, que acaba de reponer junto a Agustín Alezzo "Yo soy mi propia mujer", la multipremiada obra del norteamericano Doug Wright que recorre la vida de una travesti de Berlín del Este, reconoció el "enorme" aprendizaje que significó la televisión en su carrera. El actor, cuyo último trabajo para la pantalla chica fue en la serie "Signos", contó que no tiene prejuicios contra ese formato y adelantó que 2016 lo tendrá ocupado con una película, un proyecto televisivo y una exposición de pinturas, su otra pasión.

Entre la primera versión y esta suerte de reestreno de la pieza teatral que Chávez y Alezzo habían montado en 2007 y surgida casi una década más tarde, Chávez admitió que buena parte de su crecimiento profesional estuvo directamente vinculado a su experiencia televisiva como protagonista en las ficciones "Tratame bien", "El puntero", "Farsantes" y "Signos".

"Pasaron muchas cosas en el medio, entre ellas empecé a expandirme mucho en la pantalla chica que hasta ese momento no había sucedido y debo decir que he aprendido enormemente de mi oficio en la televisión".

"Yo no tengo -aseguró- ese prejuicio tan generalizado sobre el formato. Nunca lo tuve. Es cierto que implica un ritmo vertiginoso que muchos dicen que va en detrimento del laburo, pero también creo que si uno firma un contrato es porque se siente capacitado para hacerlo con profesionalidad".

Chávez consideró que en el caso de una pieza de teatro, "el tiempo es una variable que permite una comprensión diferente sobre una misma obra de teatro". La obra que presenta en el Paseo La Plaza está basada en las memorias de Charlotte von Mahlsdorf, "Yo soy mi propia mujer", una travesti nacido con el nombre de Lothar Berfelde en Berlín del Este. La mujer, que falleció en 2002, fue conocida como una coleccionista de relojes, fonógrafos y muebles antiguos de la época de Wilhelm II que salió airosa de dos de los más opresivos regímenes del siglo XX: los nazis y los comunistas.

Von Mahlsdorf creó el Museo de la Belle Epoque en Berlín donde salvaguardó objetos de arte, de uso cotidiano y mobiliario que rescató de los embates de la Segunda Guerra Mundial. Fue distinguida con la Orden Alemana del mérito luego de la caída del Muro, aunque en sus años finales se la acusó de ser cómplice de la Stasi.

Anoticiado de la existencia de tamaño personaje -sus memorias se publicaron en 1994 en español- el dramaturgo Doug Wright viajó a conocerla y plasmó a partir de la vida de Charlotte, una obra estrenada en el off de Broadway en 2003, un retrato de la Alemania en la segunda parte del siglo XX.

"Había terminado «Red» en teatro y mientras hacía «Signos» me acordé de «Yo soy mi propia mujer» y me pregunté por qué no volver a tocar esa partitura», recordó sobre el texto que lo tiene como único intérprete.

"No me interesaba -agregó- hacer una fotocopia desgastada de lo que habíamos hecho en 2007 sino trabajar como un pianista que tiene sus partituras amadas y las vuelve a ejecutar en distintos momentos desde un lugar diferente".

Y aunque hace nueve años la obra le valió dos premios Ace —el de Oro como Mejor Actor y el de Mejor actor de Unipersonal—; el Clarín al Mejor Actor de Teatro y el Mejor Protagónico de los Trinidad Guevara, Chávez advirtió que el paso del tiempo le permitió reflejar en una misma pieza un trabajo "más adulto".

"Creo que lo cabalgué bastante bien cuando lo hice por primera vez, pero en ningún momento me animé a mirar el caballo que estaba montando porque tenía la sensación de que si lo miraba iba a caerme. Hoy, en cambio, puedo animarme a cabalgarlo con mayor autoridad: sin dudas eso se debe llamar adultez", sopesó.

"Cuando la energía de la juventud empieza a decaer -explicó- el entendimiento va a tu encuentro y te dice «hay otras cosas que se pueden hacer, tocando de otra manera», porque si bien el desgaste físico y la energía son distintas, el entendimiento de un texto también es otro", indicó el actor.

La última vez de aquella primera temporada fue en España con una función a sala llena que incluyó entre el público al director español Pedro Almodóvar y la actriz Angela Molina. "Yo no sabía que estaban y cuando mi asistente me toca la puerta del camarín para avisarme que estaban afuera y me querían saludar no podía creerlo. Todo lo que pasó con la obra fue muy alado y muy fuerte", recordó Chávez.

La obra, que en su versión original fue galardonada con los premios Tony, Drama Desk, Pulitzer, Drama League, y Lucille Lortel a la Mejor Obra de 2004, muestra a Chávez en un vertiginoso monólogo en el que alterna las voces de Charlotte y de Doug Wright.

Después de aquella primera temporada con "Yo soy mi propia mujer", la abultada trayectoria profesional de Chávez tuvo un crecimiento geométrico que le valió numerosos galardones que incluyen el premio Mejor Actor en el Festival de cine de Berlín por la película "El otro" (Ariel Rotter), dos Martín Fierro por su trabajo en "Epitafios" (HBO) y "Tratame bien" (El Trece) y el Estrella de Mar por su labor como intérprete y director de "La cabra", de Edward Albee.

Sin embargo, lejos de relajarse, Chávez advierte que "el temor frente al oficio, a la obra que uno va a representar, es lo que a mi criterio garantiza no perder el respeto al trabajo", dice sobre los ensayos cotidianos. "Es posible hacer la función sin esto, llegar directamente al teatro y actuar, pero esta manera de prepararme no está relacionada con la dificultad sino con la relación que establezco con mis propios próceres internos: no me atrevo a subir al escenario si no lo hago", admitió.

Para el 2016 tiene el carpeta el rodaje de "Oscura monótona sangre", basada en la novela de Sergio Olguín junto a Daniel Barone; un proyecto televisivo que aún no puede develar y una muestra de arte (su otra gran vocación) en la galería Rubbers, de Avenida Alvear, aún sin fecha programada.

"Cuando hice la obra «Red» -sobre la vida del pintor Mark Rothko- todas las noches pintaba un boceto en el escenario en un tiempo muy corto. Cuando terminé tenía 320 bocetos y decidí hacer una exposición con ellos que se llamará como el tiempo que tenía en escena para hacerlos: «57 segundos»".

"La palabra aburrimiento no existe en mi vida, nunca ha existido. No conozco el aburrimiento. Sí la frustración, pero no el aburrimiento", concluyó. (Télam)