viernes, 17 de julio de 2015
EL MÁS GRANDE

El día que Olmedo se enojó y mató en TV a su personaje estrella

Hace 30 años, el capocómico rosarino quemaba en la pantalla su traje de Rucucu. Nunca más volvió a interpretar al personaje. Fotos y un video INÉDITO en la nota.

La escena tenía al actor y su personaje principal, a cuatro testigos compungidos y a miles de televidentes del otro lado de la pantalla. Luis Brandoni y Juan Carlos Altavista (de "civil", sin Minguito) mirando con gesto contrariado. Susana Traverso en pleno llanto sobre el hombro de Enrique Pinti. Y en el medio, Alberto Olmedo en slip, tirando al fuego, una a una, las prendas que tanta satisfacción le habían dado. Hace hoy 30 años, el capocómico mataba en la televisión a su personaje estrella.
Fue en el primer programa de la temporada 1985 de No toca botón, donde Olmedo brillaba en su mejor momento. En ese primer envío, Olmedo se deshizo de Rucucu, el que entonces era su personaje más popular. La nota de Clarín donde se reseñaba el inicio del ciclo contaba:

Ese hombrecito de negro, ocurrente, irónico, con galera encasquetada, que echaba abajo cualquier formalidad, murió de una muerte dulce y premeditada. Su creador así lo decidió en una suerte de "ritual" cumplido al comienzo del nuevo ciclo que difunde Canal 11. Y hubo testigos.

Fueron como invitados especiales Altavista, Brandoni y Pinti, más Traverso, principal atracción femenina del programa. Olmedo empezó su programa vestido como Rucucu y arrancó su striptease. Primero la galera, luego el frac. Ante una hoguera improvisada en el estudio, las piezas del traje de Rucucu fueron consumidas por las llamas. Fue la última vez que Olmedo interpretó a esa especie de Groucho Marx argentino y perdedor que había nacido años antes en el mítico Operación Ja Ja.
"Este es el primer renunciamiento de la TV", definió el actor durante la ceremonia televisada. ¿La razón que dio? "Hay que quemar todo lo que tiene las perillas gastadas".
En realidad hubo otra, la verdadera, del pase a mejor vida de Rucucu. La blanqueó años más tarde Hugo Sofovich en el libro Queríamos tanto a Olmedo. El capocómico rosarino acusaba al humorista Mario Sapag de haberle gastado el personaje. 
En aquel momento, entre las muchas imitaciones de su programa Las mil y una..., que tenía mucho éxito y un gran rating basado en un gran trabajo de maquillaje, Sapag hacía todas las semanas de Rucucu. Para el comienzo de la temporada 85 de No toca botón, Olmedo sentía que la imitación había quemado a Rucucu, y decidió que la única solución a la espiral televisiva era matar al personaje.
Mientras el traje de Rucucu se consumía por el fuego, Olmedo ofreció un monólogo vibrante. Primero recordó a Ernesto Bianco y a Fidel Pintos, dos leyendas con las que había compartido Operación Ja Ja y El Botón. Luego pidió a todos colaboración y dio algunos ejemplos para alentar lo que llamó "la gran hoguera nacional", donde debían arder los clichés de la TV.
Esa lista era una radiografía aguda y feroz de la tele de la época. Mencionó la boquilla de Guillermo Nimo, los corazones de Sábados de la Bondad, el Papanicolau de Tita Merello, las pausas de Hugo Guerrero Martinheiz, la peluca y el frac de Tato Bores, los apuros de la cocinera Chichita Erquiaga, la sonrisa de Juan Carlos Pérez Loiseau...
También incluyó las mesas redondas televisivas ("Hay mucho mono sabio en este país", dijo, visionario) y los "plomos" de Polémica en el Fútbol. Para el final, sumó un ítem con la forma de dardo envenenado: las imitaciones de Mario Sapag.
"Por favor, Mario, no las hagas más", exclamó.

Pero con Olmedo, la salida de un personaje mítico suponía casi siempre la entrada de otro camino a serlo. Y ese mismo programa de 1985 en el que murió Rucucu vio nacer al sobrepasado dictadorzuelo de Costa Pobre.
De todos modos, el cabreo de Olmedo con Sapag por el uso de Rucucu duró un poco más y, sin programas chimenteros que lo explotaran, derivó en una genialidad metadiscursiva. Olmedo fue por más y le dedicó toda una apertura de su programa a un falso "Las mil y una de Olmedo". Presentado por Hugo Sofovich, Olmedo imitó las imitaciones de Sapag. Puntualmente, de dos de sus principales caballitos de batalla: el entonces canciller Dante Caputo y el periodista Bernardo Neustadt. Lo hizo a su modo, rompiendo la cuarta pared, metiéndose entre el público, sacando varias sonrisas.

Y después...
Tras la "muerte" de Rucucu, Olmedo siguió generoso para la creación de personajes. En los dos años siguientes de No toca botón aparecieron el Manosanta, la dupla Alvarez y Borges (junto a Javier Portales) y Rogelio Roldán, entre otros. Sobre el final, mucho se escribió: a comienzos de marzo del 88, Olmedo murió al caer del balcón de un piso 11 en un edificio de Mar del Plata.
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