lunes, 14 de marzo de 2011
primicias

Por Luis Ventura: País federal, rating unitario

La pantalla es para todos, pero las mediciones felices de sintonía son para unos pocos. El rating serpentea, sube y baja, vuela y repta como un pájaro o como una letal cascabel que espera su momento. El rating se enciende como el sol o se apaga como la noche, pero al final del camino es el que decide, el que rescata ó condena desde su dictadura totalitaria y despótica. El rating, le guste a quien le guste, es el gran amo y señor de la televisión.

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Y esto hay que marcar que su único dueño es el Papá Ibope, algo así como el Marlon Brando caracterizado de padrino del negocio. Porque con su numerito, el que te asigna, el que informa, el que dibuja, el que ajusta por un lado y libera por el otro, te enaltece o te entierra. Es a cara o cruz. Porque a partir de sus índices de medición se reparte la denominada torta publicitaria y también se manipulan los destinos de los ánimos televisivos y en ellos crecen o quedan heridos los canales, los programas y los trabajadores que trabajamos en ellos. Porque yo, como tantos otros, somos laburantes que dependemos de ese numerito, el rating.

Eso es lo que hace Ibope, una empresa brasileña que supo ser condenada por manejos impuros en su propio país de origen, que también fue sancionada por sus actividades en los medios del Uruguay, y que aquí en la Argentina dejó de funcionar un buen tiempo con números oficiales por las irregularidades y desprolijidades en las que incurría su funcionamiento tecnológico y la transparencia de sus ratings. Por ejemplo, que hubiese People meter registrados en propiedades donde no había construcciones, y eran terrenos baldíos donde era imposible que funcionaran televisores o domicilios que no existían, entre otras cuestiones que dieron lugar a su investigación.

El despotismo con el que reinó Ibope durante años, hizo que muchos afectados levantaran sus voces, y uno de ellos fueron los responsables de un canal como América 2, una empresa laburante en el esfuerzo, que al sentirse estafado por la empresa que ilumina u oscurece las vidas del medio, sentó una denuncia a la que una gran mayoría adhirió, pero no muchos apoyaron.

Aquella exposición a la que América expuso a Ibope jamás se olvidó y que hoy se busque a través de aquella presentación terminar con la dictadura totalitaria y unitaria de esta empresa brasileña, refleja los ratings paupérrimos con que se castiga diariamente a la programación plena de todo un canal, y justamente es América 2.

Algo parecido a lo que viene ocurriendo desde siempre con Canal 7, la pantalla oficial que es distribuída a todo el territorio nacional. Desde La Quiaca a Ushuaia, y de Pasos de los Libres a la Cordillera de Los Andes. Llega la televisión con sus programas, pero el rating no. El rating, Ibope sólo lo mide con un criterio unitario. Los argentinos que existen sólo se registran en Capital Federal o en las grandes ciudades. El federalismo es apenas una utopía que se plantea desde lo constitucional, pero en la realidad de esta medidora brasileña, el rating debe ser de unos pocos y así sigue con su mirada única, pirata y con el parche ocular no permita otras lecturas.

Y en los últimos, la presentación de pliegos para que otras medidoras surjan y brinden otros números más abarcativos hacen que Ibope condena con sus benditos y malditos numeritos a miles de trabajadores que dependen de él. Por eso América 2 puede llegar a registrar momentos de su programación en los que de los 810 hogares con 1500 aparatos registrados en consideración, ninguno esté mirando su programación. ¡Ninguno!

Pero también se condena a Canal 7 por ser oficialista del gobierno que propone otras medidoras, e Ibope condena y fusila, algo parecido a lo que pasa con Canal 9, emisora convertida hoy en paraoficial.

No sé si hago bien en plantearlo, o si me tendría que haber muerto con esta verdad en mi silencio, pero a esta altura de mi vida y de mi carrera, no me quiero llevar ninguna cuenta pendiente y por me gustaría poder ver y vivir un rating en el que se considere a todo un pueblo y no sólo a unos pocos.