lunes, 14 de febrero de 2011
primicias

Por Daniel Ambrosino: Una temporada que se va apagando con más penas que glorias…

Atrás quedaron aquellas temporadas de verano que había que hacer cola para entrar a un restaurante o sacar entradas para el teatro con días de anticipación. Atrás quedaron aquellos veranos en los que las carteleras teatrales no solo brillaban por las luces de neón sino porque los artistas hacían gala del lugar que ocupaban.

Reuniones en resto de moda, fiestas en casas o playas privadas o salidas a escondidas de los novios de turno. Todo eso parece que fue y no volverá.

Hoy los artistas se ocupan de sus cosas personales, de sus curros particulares, se cansan rápido y duermen temprano. No me quiero pelear con fulano o mengano o somos artistas venimos a actuar, es la frase más escuchada pero a la hora del borderó los números fríos son los que mandan.

Quién va primero o segundo parece que ya no es importante. Dicen que lo que realmente sirve es que a todos les vaya bien.  Es verdad, sin embargo por debajo de la mesa se van pasando la cantidad de tickets vendidos de uno y otro.

Y todo se sabe. Algunas obras no funcionan tan bien y a otras tampoco les va tan mal, sin embargo, no es un verano plagado de felicidad.

Faltan luces, falta brillo, falta esplendor, falta glamour... diría Moria Casán. Falta la esencia de lo que siempre fueron las temporadas marplatenses.

Falta alegría: la alegría con la que solo los artistas pueden crear la magia con la que resurge cada verano la ilusión de hacer un éxito y además de venderle al público, a la gente que los compra día a día y noche tras noche, la fantasía del mundo del espectáculo que fue y que ya no está.

Hoy en día parece que los artistas se han convertido tan sólo en unos simples trabajadores más y se olvidaron de vender lo que mejor saben hacer: magia y fantasías, ilusión y alegrías.