lunes, 06 de junio de 2011
primicias

Olga Garaventa recordó a Sandro junto a Susana Giménez

La ex mujer del querido Roberto Sánchez pasó por el living de Susana Giménez para recordar al artista que falleció el 4 de enero de 2010 en el hospital Italiano de Mendoza, luego de un shock séptico del que no logró recuperarse tras ser trasplantado. Lo conocí cuando fui la secretaria de Aldo Aresi. Le pasaba las llamadas. Y un día, Aldo, me pidió que lo acompañara hasta la puerta, lo saludé y le deseé éxitos. Volví a la oficina y al rato me llamó, recordó.

Olga Garaventa, la ex mujer del inolvidable Sandro estuvo anoche junto a Susana Giménez recordando al querido Gitano, quien falleció el 4 de enero del 2010 luego de ser trasplantado en el hospital Italiano de Mendoza.

Lo conocí cuando fui la secretaria de Aldo Aresi. Le pasaba las llamadas. Y un día, Aldo, me pidió que lo acompañara hasta la puerta, lo saludé y le deseé éxitos. Volví a la oficina y al rato me llamó por teléfono y me dijo un poema. Yo pensé que se había equivocado. Después volvió a llamar. Yo no lo tomé en serio porque no me imaginaba nada. Me llamó durante un año y un día me dijo que necesitaba hablar conmigo personalmente. Vino, se paró frente a mí y me dijo que estaba delicado de salud y me preguntó si yo iba a poder sobrellevar el estar con él. No va a ser un camino de rosas, me dijo.

Luego, Susana le preguntó a Olga por su casamiento con Sandro: Me dijo: Nos vamos a casar. Yo le dije: está bien. Un año después me preguntó cuál era mi problema y yo le dije que así estábamos bien. Pero él se quiso casar, contó Olga.

Yo no era fan de él. Lo admiraba porque en cada charla te dejaba una enseñanza. Además era un caballero. No pudimos irnos de luna de miel porque estaba muy delicado, agregó la mujer.

Más tarde, Olga habló sobre algunas actitudes de Sandro, que ponían en peligro el inminente trasplante al que luego fuera sometido: Le dije: yo te pido un favor: tenés que dejar la sal y tu aperitivo. Me dijo que ni loco. El médico me había dicho que si no dejaba esas dos cosas no lo podía trasplantar, confesó.

Pero Sandro nunca perdió la alegría. Más allá del difícil momento por el cual atravesaba, el Gitano mantenía el humor: Cuando estaba internado era una competencia de chistes. Los médicos salían de la habitación, descompuestos de risa.

¿Te pudiste despedir? Fue una de las preguntas arrojadas por Susana, a quien Olga contestó emocionada: Lo miré, me miró y le pregunté: Decime la verdad: vos te querés ir de gira. Me miró y no me contestó. Me sonrió de costado. A la hora y 20 se murió.