viernes, 30 de diciembre de 2011
primicias

"No hay un lugar para las mujeres en el rock argentino"

La multifacética Deborah de Corral aseguró que cumplió un deseo publicando el nuevo álbum.

"Nunca o una eternidad" parece una frase demasiado terminante. Y más para alguien como ella. Deborah de Corral no es de las personas que suele decir "esto no lo haría nunca" y tampoco es de las que le cuesta "una eternidad" que se le cumpla un sueño, o simplemente un deseo. Su nuevo disco es una brisa de aire fresco dentro del pop y ella asegura que es esa senda la que le interesa transitar y no la de una chica del rock. "No me parece que haya realmente un lugar para las mujeres del rock argentino, entonces no quiero estar en un lugar que no existe", afirmó en diálogo con

—¿Por qué le pusiste a tu disco "Nunca o una eternidad"?

—En principio es una frase que pertenece a una de mis canciones favoritas del disco, que es "Este cielo". El tema dice, básicamente, que si no aprovechás el tiempo y no hacés lo que querés, y no estás donde querés estar, cada día que pasa puede ser nunca o una eternidad.

—Ese tema tiene un cierre instrumental bien arriba... Una faceta que se desconocía de vos.

—No tengo en claro qué es lo que la gente conoce de mí. Creo que no mucho, hice un par de cosas antes de este disco, pero no tuvieron difusión. Por suerte, porque me gusta mucho más lo que hago ahora que cualquier cosa que haya hecho antes.

—¿Al ser modelo, ¿la gente puede cargar con prejuicios a la hora de escuchar tu música?

—Es lógico y natural que la gente sienta eso, y creo que también está ocurriendo que al escuchar este disco se van a derribar prejuicios, pero no especulé mucho con eso, en definitiva porque es algo que está fuera de mi control. En el momento de componer y producir este disco mis especulaciones iban por el lado de algo que yo pudiera manejar, la parte musical, qué cantar, qué no cantar, qué grabar, qué músico llamar, esas cosas, el resto no depende de uno, sino de cómo recibe la gente lo que uno hace.

—Se nota que creciste en lo interpretativo e incluso te animaste a tocar el piano. ¿Tu intención es buscar otro perfil expresivo?

—No tuve mucho tiempo, pero este año me gustaría estudiar piano en profundidad, porque lo poco que estudié lo pude aplicar enseguida, y me da la sensación de que puedo llegar a crecer mucho por ese lado. La parte vocal es más espontánea y es más introspectiva, y a medida de ir componiendo y grabando voy aprendiendo qué me queda bien y qué puedo mejorar respecto al color de la voz y la interpretación.

—¿Te interesa buscar un lugar entre las mujeres del rock?

—No, no me preocupa para nada. Y te digo que no porque no es algo que dependa de mí, aparte no me parece que haya realmente un lugar para las mujeres del rock argentino, entonces no quiero estar en un lugar que no existe, ¿entendés? (risas).

—¿Por qué decís "no existe" cuando hay mujeres importantes dentro del género?

—Sí, hay un par conocidas, que la luchan desde hace treinta años, y la vienen remando pero, qué se yo, también hay satélites dando vueltas, que no le han dado mucha bola, entonces no es un lugar que me interese ganarme, porque no es un lugar que exista. Me parece particularmente privilegiado realmente. No lo pienso por ahí, pienso en hacer lo mío y pienso que hoy, por suerte, la música tiene otro tipo de apreciación del público, es un público menos viciado de ese tipo de diferencias, que tiene que ver con algo mas viejo de nuestra cultura.

—Además lo tuyo va más por el camino del pop.

—Claro, pero yo aparte no me meto en el rock, hago canciones, no la voy a tener que luchar con bandas festivaleras ni nada, no... yo me trato de hacer camino por otro lado y no pienso sólo en la Argentina. Y no es por pretensiosa, sino porque pienso que hoy es posible, porque creo que el pop trasciende la barrera de los países. Por eso no pienso tanto en el lugarcito de las mujeres en el rock nacional porque sino me tengo que pegar un tiro (risas).

—¿Qué mercado internacional te interesa captar?

—No sé, mirá, está todo por verse, y está todo por explotar o implotar, no se sabe (risas). Todo puede ir fantásticamente o quedar en una anécdota que la piba sacó un disco, no tengo ni idea, yo apunto a que sea algo de larga data, a grabar más discos y a tener una carrera. Hasta cierto punto depende de mí y de mi equipo de laburo, y después depende de la gente que me quiera seguir escuchando, que me quiera comprar un disco y quiera venir a un show mío.

—El amor y el desamor aparencen en varios de tus letras, ¿te lo propusiste o surgió por alguna cuestión íntima?

—No me lo propuse, surgió naturalmente porque las canciones pop dan para eso, lamentablemente caí en un lugar común en cuanto a la temática. Quizá en cuanto al abordaje fue algo más natural, pero en la temática apelé a la memoria emotiva propia y a la universal, son cosas que a todos les pueden pasar.

—También hay canciones de género, ¿algunas son autorrefenciales?

—Sí, en "Como soy", en esa que digo "no soy una chica formal" soy yo. Pero también soy la chica que quiere que la quieran, que está buscando un amor, es una contradicción. No todas son así, algunas son totalmente aguerrridas, las menos, y las otras son sumisas, son Susanitas, y están sólo buscando el amor. Cada vez más mujeres buscan esa dualidad, y esa contradicción es tan natural en toda mi vida, eso de decir "bueno, soy súper independiente, pero quiero que me quieran".

—O sea que te admitís realmente una Susanita?

—Obvio, cuando una se enamora se pone medio estúpida, y sueña del mismo modo como sueña una chica formal, con tener hijos con esa persona y dónde vamos a ir a vivir, pese a que la vida transcurre de otra manera para una que es un poco más freak (risas), pero soñar una sueña.

Coherencia estética

“Nunca o una eternidad” es mucho más que un nuevo disco de pop. La elegancia de Deborah de Corral en las interpretaciones, las sutilezas en los arreglos y la calidad de los músicos participantes hacen que sea una de las sorpresas más atractivas para escuchar dentro de las últimas ediciones argentinas. Con diez canciones simples y bien compuestas, la intérprete y compositora se despacha con temas con destino de hit, como “Algo”, en donde toca hasta el ukelele, y donde el colorido de la canción recuerda la estética de Julieta Venegas. También se luce con “Este cielo”, con un buen arreglo instrumental y una potente sección de cuerdas en un crescendo final. Hasta “The Ring”, interpretada en inglés, demuestra la versatilidad expresiva de Deborah de Corral, en un cierre que es una frutilla de postre. La participación del crédito rosarino Gonzalo Aloras, incorporado a la banda fija de la cantante, es clave en temas como “Todo el oro” y “Quien cayó”, y la llamada “banda charrúa” (como la denomina De Corral) comandada por Juan Campodónico, impone calidad y arreglos atípicos para la estructura de los temas pop, que, sin embargo, mantuvieron una coherencia conceptual en todo el álbum.

Pedro Squillaci - La Capital de Rosario