lunes, 14 de abril de 2014
primicias

La crónica de lo que dejó el show del Indio Solari en Gualeguaychú

El Diario del Espectáculo estuvo en Entre Ríos para el recital más convocante en la historia del rock nacional. El exlíder de los Redonditos dio un show que dejó varios cabos para atar.

Por Guido Albamonte
galbamonte@primiciasya.com
@GuidoAlbamonte

El puente indio.

Un puente rojo que divide a Gualeguaychú y el Indio Solari. ¿Qué tendrán en común? De la pintoresca ciudad entrerriana me traje una analogía y varias cosas para contar.

¿Cuál es la función de un puente? Unir, juntar dos pedazos de tierra divididos por agua, o lo que fuere. ¿Qué papel toma Solari hoy en la sociedad? El hombre calvo une, asocia, junta y agrupa a los ricos con los pobres, a los buenos con los malos, a los viejos con los nenes, a los blancos con los negros.

"Nos seguimos superando", dice el Indio, hipnotizado por las 170 mil almas que dejaron de lado sus miserias, sus problemas, sus preocupaciones, dejaron de lado todo para ir a ver 120 minutos de show. Tanto y tan poco a la vez.

 
 
Vale aclarar que Carlos Solari en ningún momento habló del paro nacional del jueves 10 de abril, pero sí recordó a los desaparecidos con una frase antológica y bien a su estilo: “La memoria es el único paraíso que tenemos y del que nadie nos puede echar”.

El show estuvo algo dañado por la incomodidad que generó en el público el barro, el lodo infinito que había en el piso. "Intentamos sacar el barro con maquinaria, pero no se pudo, les pedimos disculpas", dijo el músico.

 
 

No, Carlos, ¿qué disculpas le vas a pedir al señor divorciado y sin un peso, que sólo se le ve la sonrisa cuando te ve y te escucha a vos? ¿O a aquel nene que quizás lo más sabroso que come en la semana es un plato de arroz, pero que cuando está en el Hipódromo salta, grita y se emociona como un adulto en pleno extásis? Se entiende que el barro fue el gran enemigo de la noche, pero en la balanza de la alegría y de la bronca, cada uno sabe cuál pesó más en la noche del 12 de abril.

Que falló la organización, que el Indio "se la lleva toda y no le importa" (un vendedor de panchos me dijo: "antes que se la lleven otros, que se la lleve él) y que tendrían que haber ¡suspendido el show! Esas cosas escuché decir de gente indignada con lo que pasó. Y se entiende y se respeta. Porque lo cierto es que parecíamos chanchos o vacas en sus campos. Pero, ¿ustedes imaginan qué hubiera pasado si las 170 mil personas se enteraban que el show al que habían ido estaba suspendido? (Foto barro) Pero de los 170 mil que fuimos, ¿cuántos hubieran desistido de ir sabiendo lo del barro? Yo creo que, siendo generoso, 5 mil... La fidelidad ricotera no se negocia y creo que podría ser analizada por profesionales. No es algo normal, ni lógico, ni coherente...

  
Volviendo al escenario, donde está la verdad de todo, el Indio tuvo una primera media hora floja en cuanto al tiempo y la afinación, después se soltó y el resto del recital fue de bueno para arriba. Algún fanático exacerbado por esto que digo me saltará a la yugular y no está mal. La idolatría y el fanatismo no es buena, pero ¿quién huye de ello?

El show fue de 22.30 a 0.30 aproximadamente. “Nike es la cultura” fue el broche inicial y cerró con el clásico “Jijiji”. Los músicos, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la rompieron, como casi siempre, y los exRedondos tuvieron sus minutos de protagonismo y no fallaron. Hasta tocaron "Todo un palo", clásico de los clásicos, que hacía bastante que no sonaba en vivo. Hacía 13 años que el hombre de camisa de jean y pantalón oscuro no compartía escenario con Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli y Walter Sidotti. Quizá la deuda pendiente fue la ausencia de "Juguetes Perdidos", otro himno ricotero que roba las lágrimas del más parco.

 
La ida al lugar de encuentro fue repleta de cantos, autos con música, puestos de paty y choripan, casas con la misma música, vasos de cerveza y fernet, tabaco y algunas cosas más.

No había tristeza o seriedad que valga. Era un cúmulo de gente feliz, rodeada de gente que quiere y que ama, y la violencia ni siquiera asomó su diabólica cabeza. Lo más violento fue el pedido de un hombre a otro: "no empujes tanto".

 
La vuelta, como siempre y un poco peor por el lodo en las piernas. (Algunos optaron por bolsas adentro de las zapatillas para no mojar las medias con las que iban a volver a sus hogares). Caminatas eternas y frío digno de algun pueblo escondido en Rusia. 
 

Concluyendo, las misas indias o ricoteras son un conjunto de milagros y excepciones a la regla común. Es una llama que algún dia fue chispa y que parece querer terminar en un incendio descomunal.