jueves, 19 de febrero de 2015
primicias

Jorge Rial, a corazón abierto: la historia detrás de la adopción de sus hijas

El conductor y empresario dio una entrevista para referirse a los trámites de adopción que llevó a cabo en su momento para poder ser el padre de Rocío y Morena. Además, otras confesiones sorprendentes.

En una charla a fondo con la revista Pronto, Jorge Rial habló de la etapa donde empezó a ser padre adoptivo de Rocío y Morena, sus dos hijas, y todos los obstáculos que debió superar.
“La mamá biológica de Morena estuvo los últimos dos meses de embarazo en la casa de mi vieja para cuidarla, hacerle los análisis, que comiera y esté fuerte. Ya había dado otros hijos en adopción y a la beba que esperaba pensaba darla también. Nació la beba, se hizo un sorteo en un juzgado y nos dieron primero la guarda por seis meses”, comenzó explicando.
“En ese tiempo, la madre biológica puede oponerse y llevársela y la asistente social o el juez pueden quitártela. Morena tenía otro nombre, que fue el que le puso la mamá que la tuvo. Morena se lo elegí yo. Casualmente, el mismo juzgado donde me divorcié fue donde adoptamos a mis hijas, ¡una cosa de locos! Rocío llegó con un año. Estaba en una casa de tránsito, en una situación difícil, con muchos más chicos. También tenía otro nombre y nosotros la llamamos así, llegó a casa el mismo día que cumplía un año, el 15 de septiembre”, relató el animador de Intrusos, en un conmovedor e inédito testimonio.
Luego, se refirió a los problemas de salud que aquejan a Morena, su hija de 15 años: “Sufre obesidad y resistencia a la insulina, me enteré después de separarme. El problema de la insulina tal vez sea de herencia genética y, por suerte, lo hemos podido bajar un poco. Si no lo parás a tiempo, además de no bajar de peso, te tenés que inyectar todos los días. El año pasado apuntamos a la salud, logramos bajar mucho el colesterol, le armé una clínica en casa con nutricionistas, psicólogo, preparadores físicos”.
Sobre el final, confirmó: “En el colegio le hicieron bullying y por eso ahora las cambio a una escuela pública. Tengo ganas de que tengan un toque de realidad, cosa que las escuelas privadas no tienen porque están más en una burbuja. Fue una decisión de vida. No quiero que sean dos nenas de papá, quiero que vean que hay otra realidad, que la calle es dura. Estoy seguro de que van a encontrar más amigos y solidaridad que en la privada”.
Estas declaraciones sirven para concientizar a padres que una cuota alta en un colegio privado no garantiza más confort que una escuela pública, muchas veces superior a las instituciones no subvencionadas por el Estado.