A 15 años de su muerte, por qué Lady Di fue una princesa única

Viernes, 31 de agosto de 2012 | 17:15

El 31 de agosto de 1997, Diana Spenser moría en un accidente de autos perseguida por paparrazi en Paris y el pueblo inglés lloraba su pérdida. 

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En el 15° aniversario de la muerte de Diana de Gales en un accidente de autos en Paris cuando huía de paparrazi, el diario español El País resumió las diez razones por las que Lady Di fue una princesa tan revolucionaria como adorada dentro de la fría realeza inglesa.

Se mostró públicamente como madre. Guillermo, el primer heredero al trono británico que nació en un hospital, viajó con sus padres al poco de nacer en una visita oficial por Australia y Nueva Zelanda. La decisión de Lady Di provocó críticas de la prensa más tradicional. Reconoció haber sufrido depresión post parto, obligaba a sus hijos hacer cola en Marks and Spencer, a pagar con el dinero de su paga y viajó con ellos de viaje a Disneyworld. “Dar abrazos no tiene efectos secundarios”, solía decir sobre la relación con sus hijos.

Rompió los códigos de etiqueta de la realeza británica. Llevó negro a actos oficiales (hasta entonces estaba reservado a funerales) y vestidos inspirados en Elvis. Las joyas le fascinaban pero las lucía sin darles demasiada importancia: se colocaba un collar de perlas cayendo por la espalda y una gargantilla sobre la frente estilo cinta hippy. Se atrevió a llevar un diseñador marcadamente sexy y de nacionalidad italiana como Versace y entabló amistad con él. Supuso un acercamiento de la realeza a las pasarelas.

Introdujo lo emocional en su rol. Tocaba a los enfermos de Sida cuando aún se conocía poco sobre de la enfermedad, se sentaba de espaldas a la cámara cuando iba a visitar enfermos para tener toda la atención del paciente. Visitaba a toxicómanos, a personas sin techo, a presos. Ella fue la cara humana de la corona británica. Tras su muerte la reina Isabel se vio forzada a mostrar sus sentimientos. “Era manipuladora como yo”, dijo Tony Blair de su poder para utilizar las emociones ajenas.

Importó una actitud natural en la casa real. Llevaba vaqueros y gorras de béisbol, se anudaba el jersey sobre los hombros, se descalzaba en el parque del colegio de sus hijos. Y se hizo fotos oficiales con botas de agua Hunter durante su luna de miel. Muchas princesas contemporáneas no habrían coqueteado con el atuendo sport si Lady Di no hubiera preparado el terreno.

Se enfrentó a ministros británicos, al gobierno de EEUU y a la OTAN por su campaña para erradicar las minas antipersonales. Algunos ministros conservadores la tildaron de “bala perdida”, “imprudente” y “nada útil y poco realista”. Cuando el gobierno laborista llegó al poder, firmó el tratado de Ottawa contra las minas antipersonales antes del primer aniversario de su muerte.

Fue la primera princesa moderna con estatus de celebrity. Amiga de Michael Jackson y Elton John, bailó con John Travolta y salió con Liza Minnelli. La prensa la seguía allá donde fuera, la fotografiaban en bikini: con ella se marca un antes y un después de la cultura de los paparazzi. Aunque se sentía angustiada por el acoso de la prensa y llegó a decir que se veía como “un producto que se vende bien”, ella misma convocaba a los fotógrafos e incluso hablaba con ellos sobre lo cómo la habían sacado.

Fue la primera royal que se presentó mostrando su ropa interior. Cuando se anunció su noviazgo con Carlos, los fotógrafos le tomaron un retrato a la salida de la guardería donde trabajaba. Su falda veraniega, en apariencia recatada, a trasluz le jugó una mala pasada.

En una giro inverso al que tomó la vida de Grace Kelly, Lady Di era una princesa que soñaba con ser estrella de cine. Kevin Costner ha declarado que la princesa de Gales antes de morir le pidió protagonizar la secuela de la película El guardaespaldas.

A pesar de estar casada con el heredero al trono británico, aireó las infidelidades de su marido, evitando la actitud tradicional de callar y mirar para otro lado. Por si fuera poco, lo hizo en un programa de la BBC durante el cual también admitió haber tenido una aventura.

Hablaba con un acento plebeyo muy diferente a la Received Pronuntiation (RP), la pronunciación propia de las clases dirigentes y privilegiadas y por supuesto de su marido el Príncipe de Gales. Su acento con oclusiva glotal, se apropiaba de elementos de los barrios cockney de Londres y se alejaba de los cerrados círculos aristocráticos. Muchas chicas de clase alta la imitaron. (A24.com)
 


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