miércoles, 13 de abril de 2016
internacionales

El beso se hizo tan vital que hasta tiene su fecha de celebración

El 13 de abril fue instalado como el Día Internacional del Beso. Tiene su origen en un peculiar concurso ganado por una pareja tailandesa, que al año siguiente volvió a quebrar esa marca.

El récord de una pareja tailandesa, que durante un certamen se besó durante 46 horas consecutivas, instaló el 13 de abril como el Día Internacional del Beso que se celebra -aún con popularidad disímil- en distintas partes del mundo.

Es un gesto indiscutido de cortejo; una forma de estimulación erógena, una demostración de afecto; un ademán de saludo o de protección. Se da en la mejilla, sobre los labios, en la boca, la mano, la frente entre hombres, mujeres, niños, adultos y es, con su prolífica polisemia, uno de los gestos de cariño más universales que existen.

El récord que dio origen a esta fecha, sin embargo, fue superado al año siguiente: la misma dupla alcanzó una marca de 58 horas consecutivas. “Más allá de la ridiculez del concurso, es importante pensar en un gesto tan cotidiano pero que en realidad es de una importancia vital en los vínculos humanos”, indicó a Télam Valeria Schapira, periodista y escritora experta en vínculos para la consultora Match.com.

Fuente de estimulación de los mecanismos reproductivos, los besos reducen los niveles de cortisol -hormona del estrés- y aumentan los niveles de oxitocina. Sin embargo, la importancia de este gesto de apariencia mundana es grande.

“El 90 por ciento de las personas recuerda su primer beso y, a la vez, una de cada cuatro personas admitió haber terminado una relación porque su pareja no besaba bien”, advirtió en forma taxativa Schapira citando una encuesta realizada por Match.com.

“La calidad suele ser determinante como medida del interés erótico. Cada beso tiene un significado particular de acuerdo con el lenguaje de los gestos y varía según las culturas, pero de algo no existen dudas: cuando entre dos personas hay química -del tipo que sea- el beso es tan comunicador como la mirada, es un termómetro que no falla”, aseveró la experta.