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El lenguaje es un espejo de nuestra personalidad y la manera en que lo usamos -a veces maltratándolo- refleja nuestras virtudes y miserias más entrañables.
La manera de comunicarse en el MSN habla de las personas y de aquellos con quienes se contactan. El que sigue es un desarrollo sin pretensiones academicistas de los diferentes tipos de chateadores (damas y caballeros) que pululan en el universo virtual que integra mi nuevo libro, Enredados Sexo, Humor y Amor en la Web (Ediciones B), un divertido manual para levantar por Internet.
El enigmático: el que juega a los acertijos. Usa un nick que nada dice de su origen, paradero ni profesión tipo soy yo. No blanquea su estado civil, trabajo, domicilio ni pretensiones. Juega a hacerse él o la interesante hasta que su partenaire se cansa de jugar al adivina, adivinador y decide bloquearlo de sus contactos.
El pirata: por lo general utiliza un nombre de fantasía para chatear como donjuan; loquevosbuscás, Gatúbela y una foto de Marylin Monroe, Batman o algún protagonista de cartoons
La idea es no dar a conocer su verdadera identidad para que no lo echen de su hogar constituido donde suele esperar un cónyuge amantísimo y una media docena de hijitos rozagantes. La piratería es su manera de evadirse de la rutina que lo agobia y, si pinta, hacerse una escapadita mensual al motel a la hora de la siesta.
El impostor (trucho, en criollo): es el que se hace pasar por otra persona (ejemplos huelgan en el Facebook). También suele reemplazar su identidad real con fotografías de gente agraciada físicamente, comunidad a la que suele no pertenecer. El impostor dirá que es delgado, cuando en realidad fue finalista en Cuestión de Peso, que es universitario cuando a duras penas terminó el primario y que tiene ojos claros, cuando probablemente su mirada sea la del común de los mortales. El trucho suele evitar los encuentros cara a cara, argumentando múltiples compromisos contraídos con antelación. Ante la requisitoria de encender la camarita, suele tener a mano algún complejo problema técnico como excusa. El impostor evade la realidad y su interlocutor haría muy bien en evadir un encuentro, si no quiere morir de un infarto. El solidario: es un extraño caso de personalidad sumamente empática, por lo general el organizador de la colecta de ropa de la parroquia de su barrio o el presidente de la cooperadora escolar de su ahijado. Aunque haga apenas horas que entró en contacto virtual, ya estará ofreciendo apoyo, contención y hasta dinero a sus nuevos contactos, si la situación así lo requiere. Su desinterés y virtuosismo suelen generar una reacción de estupor, cuando no de desconfianza en sus pares virtuales.
El desesperado: la profusión de piropos melosos y constantes tiradas de onda son la característica principal del desesperado. No está dispuesto a seguir las reglas básicas del cortejo; necesita concretar ahora y su computadora exuda desesperación. El desesperado suele tardar varios minutos entre línea y línea. No tiene que ver con un problema motriz: suele chatear al unísono con varias personas a ver cuál pica primero.
El parco: no se entiende muy bien para qué quiere comunicarse si parece que no tuviera ganas de hacerlo. A la parquedad característica del lenguaje del chat se suma su escaso abanico lingüístico: hola, ok, todo bien?. Por lo general provoca la huida de sus contactos ya que su mezquindad de palabras es bastante poco estimulante para quién desea profundizar en el vínculo.
El profuso: no quiere darse cuenta que el Chat es un servicio de mensajería y que para contar su vida o la última película que fue a ver al cine, puede hacerlo mejor por mail, por carta o telefónicamente. Pone primera en su relato, generalmente sin signos de puntuación, y mantiene en vilo en la computadora a quien lo lee por interminables minutos, hasta que termina de desarrollar una idea. Suele exasperar por la generosidad de sus historias, abundantes en detalles menores e intrascendentes. Huelgan testimonios de personas que se han ido a lavar la cabeza o a preparar la cena mientras el profuso sigue desarrollando su interminable monólogo. Por lo general, cuando estas personas vuelven de sus menesteres, el relato sigue inconcluso.
La bestia: ordinario como diente de madera, la bestia no conoce de tacto ni de modales. No sólo viola permanentemente el protocolo del Chat, irrumpiendo con zumbidos cuando el otro está ausente o no disponible, sino que no tiene empacho alguno en mostrar la hilacha. A la bestia se le suelen mezclar los nombres de los hombres o mujeres que está intentando levantar, suele no recordar lo que le contaron y preguntar a algún desprevenido contacto cómo le fue en la fiesta swinger de la noche anterior. Su repertorio incluye todas las malas palabras que contiene el diccionario más algunas de factura propia.
El pesado: emula a los vecinos que tocan la puerta cada cinco minutos para pedir azúcar o preguntarte si hay agua en el piso. El cargoso puede interrumpir las labores ajenas un promedio de diez veces por hora para preguntar ¿qué estas haciendo, ¿en qué andás?, compartir fotos o archivos que nadie le solicitó e intentar una interacción que, a todas luces, no es bienvenida.
El cabrón: es el que escribe todo en mayúsculas, aún a sabiendas que en el lenguaje virtual, esto equivale a gritar. Suele ser un chateador de pocas pulgas que, a la primera de cambio, te deja colgado en la mitad de una frase.
El esquizofrénico: intercala mayúsculas y minúsculas en un jeroglífico exasperante del tipo ¿CoMo EStaS?. Suele usar Nicks que inspiran temor del tipo SerialKiller. Un internauta de temer.
El ególatra: es el mejor, el que más sabe, el rey del universo. Tema que se toque, tema en el que se mostrará especialista. Desde como hacer un asado a las brasas hasta como combatir la pediculosis canina. Todo lo que digan los demás es menor y motivo de descrédito. Lógico, es el más lindo, el más inteligente, el más completo
y el más insoportable de la red toda.
El empalagoso: deja la red pringosa de tanta zalamería. Su melosidad llena el éter de poesía barata, piropos y palabras sibilantes. Cada dos líneas, suele introducir algún refrán plagado de palabras amorosas, por lo general plagiadas a poetas de dudosa reputación. Es tan asquerosamente dulce que su interlocutor termina por agradecer una puteada.
El sexópata: su comunicación está impregnada de genitalidad. Sus escritos dejan ver su permanente estado calenturiento. Sus referencias a los órganos femeninos y masculinos suele provocar el efecto contrario al buscado: la anorgasmia virtual.
El inmaduro: no importa su edad real; su edad mental suele ser la de un adolescente. Por ende, en el chat ostenta conductas juguetonas que podrían ser simpáticas de no tratarse de una persona adulta. Es un hábil usuario de dibujitos, animaciones, emoticones y smileys, con los que suele suplir su falta de palabras. Su léxico se reduce a abreviaturas del tipo pq, tqm y jeroglíficos de esa calaña. Un ejemplar para llevar al pelotero.
El loser: lleva el sello de perdedor tatuado en la frente. Es como el perro cascoteado que vuelve a por una caricia. Aunque lo hayan bloqueado, eliminado y hasta insultado recurre en la búsqueda de una palmada virtual. El perdedor suele enviar mensajes a los contactos no conectados del estilo de: ¿cuándo me vas a dar un poquito de bolilla?. A quienes lo han desadmitido suele rogarles por meses que lo vuelvan a habilitar.
El boludazo: su manera de escribir delata su falta de neuronas. Sus respuestas suelen reducirse a un jajajajaaaaaaa
en el que sobran vocales pero faltan ideas. También suele responder a planteos existenciales con un ícono gestual como el de la carita ruborizada o el sapo que eructa. Su favorito es el del smiley tocando la corneta. Triste. Aunque abunden los je en la comunicación.
El emo: de sentimientos prolíficos y lágrimas siempre a flor de piel, suele regodearse en la tristeza y la melancolía propias y ajenas. Diga lo que diga su interlocutor, se sentirá rechazado e incomprendido. Un bajón. Ideal para chatear un domingo a la siesta y después pegarse un tiro.
El dark: aunque chatee al unísono con trescientas personas, siempre se sentirá solo y desesperanzado. Un interlocutor complicado para intentar una relación medianamente optimista.
El cheto (y su variable glam): trendy y superficial, inundará tu mensajería de frases ridículas como sorry gordi, interjecciones como arre e interjecciones y sonidos extraños e indescifrables que quieren emular a las risas tipo akjasksss.
Si después de esta generosa descripción aún te quedan dudas, contactate conmigo a enredadosenlaweb@hotmail.com. De nada. Hasta la próxima.
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