Llueve en Buenos Aires, llueve en mi corazón. Estamos promediando la jornada y, la verdad, tenía pensado quedarme en casa pero George Rial me llamó para decirme que labure, que para eso me paga. Yo pensé que era una estrella, entonces tenía la potestad de tomarme un día de ocio. Cuando vi en mi celu el nombre del patrón, me levanté de la cama con un resorte en el traste y de inmediato le saqué el polvo a mis chusmachismes. Para cuidar sus almas y sus corazones con agujeritos, nada mejor que un repaso por mi antológica sección chimentera, con modestia lo digo, obvio. Buen finde, gente, el lunes nos estamos reencontrando. Bye!