domingo, 17 de abril de 2016
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Benjamín Vicuña: "La vida privada debe quedar en ese ámbito"

Se refiere así al acoso mediático que lo tiene como protagonista desde su separación con Pampita. Y prefiere hablar de su rol protagónico en la exitosa película chilena El bosque de Karadima. 

El actor Benjamín Vicuña interpreta a un joven con vocación religiosa que sufre los abusos de un poderoso sacerdote a lo largo de más de 20 años, en el crudo y sorprendente filme chileno El bosque de Karadima, que fue éxito de taquilla en su país, donde se convirtió en el filme local más visto de 2015, y que se estrena el próximo jueves en algunas salas de nuestro país.
Obligado a los aviones y los viajes por el desarrollo de una carrera profesional de alcance regional ("me tomo con naturalidad el tema de las distancias, son momentos de la vida, es parte de mi vocación y mi trabajo, la exigencia que me impone hoy"), Vicuña vive parte de la semana en Bogotá, donde está grabando la superproducción televisiva 2091 para Fox Latin America; en Santiago de Chile, donde acaba de lanzar una sala para cine independiente en su complejo cultural MORI, que regentea con Gonzalo Valenzuela, y en Buenos Aires, adonde llega los fines de semana para estar con sus hijos.
"No voy a hacer un juicio de valor, no me corresponde, yo soy un apasionado de lo que hago y estoy concentrado en eso, para mí es un placer hablar con el periodismo de trabajo, lo otro hay que dejarlo donde tiene que estar: el mundo privado", contesta cuando se lo interroga sobre el acoso mediático que viene soportando desde su separación de la modelo argentina Pampita Ardohain, con quien vivió más de 10 años y tuvo cuatro hijos.
Despejadas así las cosas, el actor que se prepara para estrenar el próximo 19 de mayo El hijo rojo, un drama romántico que protagoniza con la China Suárez (personaje de la discordia en su vida amorosa y su actual pareja), se relaja en esta entrevista para hablar sobre El bosque de Karadima, una película basada en hechos reales que adquirieron notoriedad mediática en Chile en 2008.
El filme cuenta la historia de abuso y sumisión que un reputado sacerdote (Fernando Karadima) impone sobre un joven con vocación religiosa, en un juego perverso donde intervienen la fe, el secreto de confesión, la protección que el entorno dispone para los poderosos, la sumisión, la culpa, el amor y el sufrimiento, todo bajo la advocación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
"Una de las llaves de la película –cuenta Vicuña– es que está contada desde el punto de vista de las víctimas que vivieron el abuso sexual de este sacerdote muy influyente, protegido por el gobierno y diferentes esferas del poder".
En el filme dirigido por Matías Lira, interpreta a James Hamilton, un médico casado y con hijos al que en su juventud su vocación religiosa acerca hasta la capilla del Bosque que dirigía Karadima en un barrio acaudalado de Santiago y que sufre el abuso del sacerdote por más de 20 años.
Acompañado por Luis Gnecco ("el mejor actor de Chile de la actualidad", asegura) en el rol del sacerdote, Vicuña dice que lo que cuesta ver y entender pero que el filme resuelve exitosamente gracias a la sutileza y el respeto con que fue concebido es "cómo alguien que fue abusado y violentado puede mantener una relación de tanto tiempo y tan cercana con su victimario".
"Eso te habla de lo complejo que pueden ser los abusos sexuales, se confunde la fe, la figura del padre, el poder, la extorsión, el amor", remarca.
Al mismo tiempo, quien fuera protagonista de la tira Entre caníbales y que se anima a involucrarse en la producción cinematográfica como lo hizo en 2015 con La memoria del agua, de Matías Bize y también en El hilo rojo, dice que el éxito de taquilla de El bosque... en Chile, donde fue vista por 400.000 espectadores, "es un tremendo mérito" porque se trata de una película muy dura, "de cosas que preferiríamos ocultar".
"Esto habla también de un público maduro, que da señales de que le interesa su realidad, porque si bien Chile es un país conservador esta película sirvió para mover las cosas y sacar la basura de debajo de la alfombra", agrega.
"Karadima –precisa– es un tipo que a través de administrar el poder de la fe se fue vinculando con sectores del poder económico y se fue enriqueciendo. Utilizó el paradigma de la fe y el perdón para enriquecerse, extorsionaba con el demonio, satanizaba, es muy impactante que esto pueda seguir ocurriendo en pleno siglo XXI".
"La Iglesia chilena –dice Vicuña– tiene muchas caras. Una parte se opuso a que se viera y se hablara de la película y emitió incluso una normativa, y otra se abrió al debate; esto es histórico, durante la dictadura hubo un sector que apoyó y otro muy valiente que se reunió en torno de la Vicaría de la Solidaridad y se puso en el lugar de los perseguidos, los torturados y los desaparecidos enfrentando a Pinochet".
Sobre el modo preciso que la cinta encuentra para relatar un hecho aberrante y la manera como conecta con el espectador, Vicuña dice que "esto tiene que ver con el punto de vista del director de querer contar con sutileza y respeto pero también con verdad".
"La película consigue un relato realista, casi documental, no hace un juicio de la situación y por eso es tan cruda y verdadera. Esa fue una de las claves, haber tomado esa posición le permitió empatizar con la gente y en vez de generar rechazo despertar interés y abrir el debate sobre cosas que es mejor discutir que ocultar".