viernes, 04 de abril de 2014
primicias

"Al aplauso te lo tenés que ganar", aseguró Facundo Arana

El actor decidió regresar a la música, su primer amor, con la Blue Light Orquestra, que hoy se presenta en el teatro de la Plataforma Lavardén.

Hace 22 años, Facundo Arana era un desconocido que tocaba el saxo en una estación del subte de Buenos Aires. Esos tiempos ya son una especie de leyenda después de tantos éxitos como actor y tanta exposición en televisión. Sin embargo, el amor de Arana por la música nunca se apagó. A fines de los 90 integró una banda que fue arrastrada por la crisis de 2001, pero ahora decidió regresar con todo para cristalizar un proyecto largamente postergado: el galán formó The Blue Light Orquestra, un grupo que versiona clásicos y que hoy llega a Rosario para presentarse, a las 21.30, en el teatro de la Plataforma Lavardén, Sarmiento y Mendoza. La banda está formada por Dizzy Espeche e Izzy Gainza (guitarras), Alejandro Dixon (batería), Greta Moro (teclados), Dulce Motta (coros) y Aldana Aguirre (bajo). Y al frente está Arana, cantando con una voz ronca y tocando el saxo y la armónica. En el repertorio figuran temas de Eric Clapton, John Lennon, The Police, INXS, Tina Turner y los Blues Brothers, entre otros, y el grupo también se está animando a las composiciones propias.

En una extensa charla con La Capital de Rosario, Facundo Arana habló de su relación con la música, de las cuentas pendientes, los prejuicios y sus proyectos como actor.

—Tu relación con la música viene desde siempre, ¿cuál fue el disparador para armar una banda ahora?

—La idea de hacer algo fuerte con la música surgió en el 98. Ahí armamos La Carranza y estuvimos tocando hasta el 2001, pero después paramos porque los músicos tuvieron que salir a buscar mucho más trabajo por la crisis económica. Lo de la música quedó así para más adelante, y ese adelante es ahora. Pero no fue sencillo, para nada. Un día, cuando se me estaba haciendo muy cuesta arriba lo de armar una banda, mi mujer María (Susini), que siempre tuvo contactos con el mundo de la música, me conectó con Dizzy Espeche (guitarrista de Fito Páez), que justo en ese momento podía hacerlo y tuvo ganas. Dizzy armó la banda y empezamos a ensayar con temas que se pudieran escuchar en cualquier lado, porque hoy con Internet llegás a todo el mundo. Lo armamos paso a paso, tranquilos. Pero la premisa siempre fue salir a tocar.

—¿Lo de volver a la música tiene que ver con haber pasado los 40, con querer saldar cuentas pendientes?

—Si es así, al menos no lo es conscientemente. Yo siempre traté de no dejar cuentas pendientes, más allá de la edad. Vos tenés una crisis de la mediana edad cuando realmente no te pasó nada hasta esa edad. Entonces cuando llegan los 40 tal vez te das cuenta de que no sos alguien importante, de que el "para siempre" se empieza a acercar a un final. Pero yo me di cuenta varias veces de que la vida no era infinita, desde muy chiquito estuve cerca de morirme (superó la enfermedad de Hodgkin, un tipo de cáncer). Estoy de regalo desde hace tantos años que para mí estar en los 40 es una fiesta. Es más, no puedo creer que llegué a los 40. Más que saldar cuentas es celebrar que sigo acá.

—¿Con la banda querían lograr un sonido en particular? ¿Cuáles son las influencias?

—La idea es buscar un sonido propio. Por ahora tenemos dos temas nuestros, "Bestial" y "Muñeco de trapo", pero todavía hay que darles forma. Yo escucho mucha música clásica, y también a Coltrane, y a Michael Brecker, que es un saxofonista que se desprende de los demás.

—¿Cómo recordás ahora la época en que tocabas el saxo en el subte?

—Con un amor tremendo, con una felicidad absoluta, es una época que atesoro mucho. En los recitales hacemos el tema "Never Tear Us Apart", de INXS, donde el solo de saxo es con el saxo alto, y justo antes hacemos como un incidental, que es precioso, y que va tomando forma con los shows, y ahí yo toco el mismo saxo alto con el que tocaba en el subte. Poder mirar para atrás y ver a ese chico que tocaba el saxo en el subte y verme hoy con el doble de la vida que tenía en ese momento es un privilegio. Ese chico de 20 años tenía más preguntas que respuestas. Y hoy yo tengo más respuestas que preguntas. Puedo responderle a ese chico de 20 años y jugar con eso, ser feliz con eso, y también con el logro de seguir tocando el mismo saxo.

—¿Sentís que tenés una presión extra en el escenario por ser una cara famosa? ¿O sentís que eso te beneficia?

—Son las dos cosas. Me beneficia porque va a llamar la atención, porque va a ser más fácilmente publicable. Pero una vez que el público está sentado en su lugar vos tenés la obligación de darles un buen espectáculo. Nadie te regala un aplauso, al aplauso te lo tenés que ganar. Un periodista especializado en música me dijo, conversando sobre el tema, que era muy fácil ir a comerse con cuchillo y tenedor a ese muchacho de la tele que viene a tocar. Pero también me dijo que se iba muy contento del show porque se había guardado todos los prejuicios en el bolsillo. Y se iba contento porque había escuchado muy buena música y a una banda muy lograda. De todas maneras, yo creo que uno siempre está rindiendo examen. Cuando hice "Poder se puede" me preguntaban si dejaba al galán para hacer otro tipo de teatro, y la verdad es que las críticas fueron extraordinarias, y yo no le decía a nadie que casi casi la había escrito. Fue un proceso de búsqueda. Y después con "En el aire" también me decían "mirá, vine acá contra todas las indicaciones del caso". Hay mucha gente con prejuicios. Pero cuando vos tenés un buen espectáculo en la mano te gusta que venga la gente con prejuicios. Los prejuicios son peligrosos cuando vos no tenés algo bueno para mostrar.

—Vos confesaste el año pasado que "Farsantes" no había sido una buena experiencia. ¿Eso influyó a la hora de volcarte a la música y hacer un pequeño paréntesis en la actuación?

—No, para nada. Además, la nota en la que yo dije eso me la hicieron en Entre Ríos, adonde yo había ido a reabrir el teatro Centenario de la ciudad de Colón y llevé "En el aire" para hacerla a la gorra, a beneficio del teatro. Entonces cae una periodista de Clarín y yo pensaba: "No puedo creer que un medio nacional venga a cubrir este evento, mirá qué formidable", y así hablé durante una hora y media hasta que me preguntó por "Farsantes" y yo le respondí a nivel personal. Pero en realidad la entrevista no era sobre eso. No es fácil dar una respuesta exacta a lo que me preguntás. Lo único que te puedo decir es que nada de lo que ocurra ayer tiene que ver con mis decisiones de hoy, y a la vez todo el pasado está relacionado con las decisiones del presente.

—¿Quedaste de alguna forma desencantado con la televisión después de "Farsantes"?

—No, a mí nunca me desencanta mi profesión. El oficio es algo sagrado. Amo este oficio.

—¿Tenés proyectos como actor para este año o el próximo?

—Tengo varios, pero tengo que organizarme con los tiempos. Hace poco me pasó algo extraordinario: recibí el llamado de Graciela Dufau para hacer algo en teatro, para investigar un camino. Cuando te llama alguien que vos admirás tan profundamente te das cuenta de cuál ha sido tu comportamiento como profesional y también como ser humano. Tuvimos una charla preciosa, yo trataba de mantenerme enfocado para guardar en mi memoria cada palabra, y quedamos en volver a juntarnos. Hay proyectos, pero ahora estoy abocado a la música. Tampoco quiero agotar la máquina y hacer las cosas con cansancio, porque el desgano es el peor enemigo del artista.